Una invitación a la contemplación
- Centurión Romano
- 1 ago
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JESÚS
Ser hombre es solamente tener unas pocas certezas, tres o cuatro. O tal vez una sola: la de saberse amado. Saber que, aunque la muerte fuera inútil, alguien nos amará, alguien del cielo o de la tierra...
MARÍA
Yo te amaré siempre, hijo.
JESÚS
Lo sé, y eso me bastaría para subir tranquilo a la cruz...
Diálogos de Pasión
JOSÉ LUIS MARTÍN DESCALZO
Si tuviésemos que responder “¿qué esperamos?”, ¿qué diríamos? De esta respuesta se desprende, entre otras cosas, qué entendemos por esperanza, qué creemos que es.
Para aquellos que creen en Dios, y más precisamente en el Dios manifestado en Jesucristo, la esperanza ocupa un lugar muy particular. Dice el Apóstol Pablo: ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande d
e todas es el amor (1 Corintios 13, 13). Según algunas interpretaciones, en presencia de Dios ya no tendrían sentido ni la fe ni la esperanza, ya que no necesitaríamos creer en aquello que no vemos ni esperar lo que todavía no llegó.
Pero, ¿esto logra satisfacernos? ¿La esperanza solo puede referirse a lo que esperamos luego de la muerte? ¿Tiene sentido esperar algo más allá de lo físico? ¿Qué puede significar que Jesucristo sea quien sostenga nuestra esperanza ? ¿Nos basta creer –y por lo tanto esperar- que todo “va a estar bien” en un futuro, cuando ya hayamos dejado este plano terrenal? ¿No corremos el riesgo de adormecer nuestra sed de sentido para nuestro hoy concreto?
Cada uno de los que se enfrenten a estas preguntas puede tener una o varias respuestas a cada una de ellas. Quizás las certezas de ayer no son las de hoy. Quizás no hay respuestas y lo que los mueve es la sed… Lo importante es el andar, es no quedarse, es, aunque de noche, buscar la Fuente de Vida.
Es principalmente para estos últimos, para quienes no pueden aunque quisieran creer que hay algo en la otra orilla, este intento de respuesta. Quizás la esperanza sea la certeza de sentido. O mejor: la certeza de la posibilidad de sentido. Pero no la de un sentido marcado por una vocación prefijada, sino la de un sentido que debe ser descubierto por cada uno en un retorno constante al propio corazón, escuchando sus pasiones y lo que susurra o grita la porción de realidad que lo circunda.
Quizás la esperanza sea la certeza, a veces tenue, a veces firme, de que de algún modo todo estará bien, de que, más allá de todo, alguien nos amará, alguien del cielo o de la tierra. Ojalá eso nos baste para subir tranquilos a la cruz, para andar lo cotidiano con sus luces y sus sombras.
El Rumbo de la Vida · Cristóbal Fones, SJ
Tejido a Tierra: Canto Creyente Desde Las Entrañas
PUENTE | Octubre 2025



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